Difícil describir con palaras los sentimientos, la pasión y al majestuosidad de uno de los principales actos festeros que acoge estos días El Campello, inmerso ya en plenas fiestas patronales y de Moros y Cristianos.

Por decir algo, diríase que se trata de un acto que recoge la esencia de un pueblo fuertemente enraizado en sus fiestas y tradiciones,  que se suceden a lo largo del año y que son capaces de movilizar a miles de residentes y un buen número de visitantes, que durante la semana llenan calles y plazas en busca de diversión y, de paso, escenificación de la historia.

Al alba, como siempre, y ante miles de espectadores llegados de toda la provincia para asistir a uno de los más espectaculares actos festeros de cuantos acoge una tierra donde proliferan por doquier, hoy se ha vuelto a celebrar el desembarco de las tropas moras en la playa de Carrer la Mar, que han tomado la plaza pese a la fuerte resistencia de las fuerzas del bando cristiano.

Un total de 16 navíos, cerca de 200 sarracenos lanzándose al agua, y no menos en tierra como fuerza de apoyo, han servido para escenificar un episodio con el que el municipio recrea la conquista mora, a la que sucederá la reconquista cristiana con su correspondiente toma del castillo.

Avistados los invasores desde la atalaya de la torre de La Illeta, el bando cristiano ha movilizado igualmente todo su poderío, para dar forma a una colosal batalla marcada por el fuego y la lucha cuerpo a cuerpo, animado todo con el disparo de arcabucería y fuegos de artificio hasta completar los 120 kilos de pólvora preparados para el evento más esperado del año.

Para sorpresa de muchos, especialistas a caballo y hasta uno que ha sido blanco de las flechas incendiarias y ha acabado con el cuerpo en llamas, la batalla se ha desarrollado durante más de media hora, parlamentos de los embajadores incluidos, hasta que la derrota cristiana se ha traducido en conquista y desfile triunfal.

Sobre la arena, protagonistas esenciales de la fiesta han sido los capitanes cristiano y moro, , Rubén Ortíz y Sergio Vicente Gomis, respectivamente; los embajadores moro (Alejandro Sánchez) y cristiano (Adrián Soto), y un séquito en el que no podían faltar la capitana cristiana, María Dolores Vizcaíno, y la mora, Carolina Manzanaro, acompañadas ambas  por las bandereras de cada bando, María José Soler (cristiana), y Silvia Vidal (mora), además de decenas de entandartes y el grueso de las tropas, integradas por los festeros de cada parte enfrentada.

Se trata de un acto en el que el protocolo es lo de menos, y en el que participan las autoridades locales integradas en las fiestas, como el propio alcalde Juanjo Berenguer y el concejal de Fiestas y Tradiciones Cristian Palomares, ambos integrados en el bando moro, y ambos participando en el desembarco con su correspondiente chapuzón mañanero.

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