La agricultura en España, y en concreto en el sureste del país, vive momentos delicados. Cada día se abandonan más y más cultivos, más de 50.000 hectáreas en la provincia de Alicante desde el año 2000. Estamos en lo que se llama una muerte dulce. Cada vez menos agricultores, cada vez más fondos de inversión quieren comprar terrenos con la complacencia de administraciones que castigan al pequeño trabajador y le condenan a vender para hacer fuerte a los grandes. Y los grandes sólo quieren comprar terrenos, ni trabajarlos ni amarlos. Los hay que resisten, los hay que aman la tierra que pisan, los hay que no están dispuestos a bajar los brazos. Tu lucha es mi lucha, la hago mía, ahora y siempre.

Cada día entran productos de terceros países en nuestros mercados y destrozan los precios y temporadas con una competencia desleal ya que no están sujetas a los mismos controles de calidad ni exigencias medioambientales ni laborales. Las administraciones miran para otro lado y nosotros también. No nos parece importante. Agricultores deslomándose de sol a sol… qué más da… sólo sabemos que existen por la televisión y no le damos excesiva importancia y sin embargo, son nuestro pasado, son importantes en nuestro presente y claves en nuestro futuro. ¿Os acordáis de la pandemia? ¿Os acordáis que teníamos frutas y verduras en los mercados? Pues acordaos de quienes se fueron a trabajar el campo, acordaos de ellos y quizá empecemos a entender su lucha, que puede ser la tuya. La mía ya lo es.

Las subidas de impuestos indiscriminadas están suponiendo más clavos en este ataúd de la agricultura que hay quienes se afanan en enterrar. Políticos de despacho que necesitan dinero para seguir viviendo su propia realidad, su mundo de fiestas y chiringuitos. Los jóvenes no ven en el campo un modo de vida a pesar de la alta tasa de desempleo pero… ¿y si cambiamos las cosas?, ¿y si hacemos atractivo el campo?, ¿y si permitimos que quien cultiva el campo pueda ganar dinero?… ¿Tan difícil es? No creo. Hace falta voluntad política, ganas de que este país funcione y amar la tierra. Esta lucha debe ser tuya también.

Para que el campo funcione y genere empleo, bienestar y riqueza es necesario tener agua. Este debate no es tan complicado como quieren hacernos ver o si… Nuestra tierra necesita agua, nuestras frutas, verduras, nuestros limones son los mejores del mundo y todo necesita agua. Nuestro campo no son sólo productos y empleos. Nuestro campo es un modo de vida, forma parte de la dieta mediterránea que es envidiada en todo el mundo. Tómate un tomate trinchado con capellán y dime si no es algo sano y maravilloso. Sé que no lo valoramos pero no lo hacemos porque todavía lo tenemos. El día que falte… nos lamentaremos. ¿Eres de lamentarse o de luchar?

Hoy en España hay agua para repartir, agua que se tira al mar, somos un gran país que hemos tenido pésimos gobernantes. Ninguno ha querido poner en marcha un plan hidrológico nacional que nos haga fuertes como país y el que lo intentó desistió a las primeras de cambio. Un país solidario en el que si hay un problema en Galicia como con el Prestige, nos volcamos para ayudar desde todos los rincones. Si, demostremos que somos un gran país, dejemos de lado a quien nos dicen que no lo somos. El agua es nuestro gran reto, si somos capaces de hacer política de país lo lograremos. Si somos capaces de hacer ver que si a Castilla la Mancha le va bien, a la Comunidad Valenciana le irá bien y así con todos, Asturias, Cataluña, Andalucía… Si tu lucha es mi lucha, ¿no crees que mi lucha puede ser la tuya?

España necesita política para España y el agua debe ser la primera de ellas. Un plan hidrológico nacional que conecte cuencas, que nos permita gestionar nuestros recursos naturales con eficacia, que lleve agua de donde sobra a donde falta. No es tan complicado. El agua, la agricultura, España, un gran país por el que bien merece la pena pelear. ¿Te sumas?

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