Acabamos de celebrar nuestra fiesta nacional y como siempre un símbolo de todos como es nuestra bandera sólo es enarbolado por una mitad. La otra mitad la repudia.

Una prueba más de que las viejas heridas de guerra nunca llegaron a cerrarse. El tupido velo que se corrió no fue tan tupido y cuarenta años después aquí seguimos echándonos los trastos a la cabeza.

No podemos negar que Franco ha sido un trauma para una parte de la sociedad y los traumas o se tratan para curarlos o te acompañan toda la vida. Y si el fantasma de Franco vive entre nosotros es porque España no lo ha superado.

Nuestra bandera es un buen ejemplo ya que para muchos sigue oliendo a dictadura. Fue tal la exaltación que el caudillo hizo de ella que es inevitable mirarla y no pensar en otro tiempo pasado que para alguno fue mejor. Sí, aún quedan españoles de esos y ellos ondean la bandera con garbo y sin complejos.

Así que así están las cosas en España, con la bandera como instrumento político. Y no es que las derechas se la hayan apropiado, las izquierdas se la han entregado al no haber sabido gestionar su recuperación. Y mientras no se recupere, no se normalice su uso, seguirá estando sólo en manos de unos. No será la bandera de todos y seguirá provocando odio y crispación.

No se es más español por envolverte con la bandera, pero envolverte con ella sin que ello te provoque ansiedad bien podría ser el tratamiento de choque para combatir la banderafobia. ¿Eres capaz de intentarlo? Por cierto, si liarte la bandera a la cabeza no te provoca urticaria sino placer absoluto, lo tuyo no es trauma es fetichismo.

 

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