Permítanme que me arrogue esta licencia. NADIE, y cuando digo nadie puede hablar en nombre de nadie, ni en nombre del pueblo.

En la sociedad que vivimos, que trabajamos, que sufrimos, que gozamos, que amamos y disfrutamos. Que vengan personajes de tres al cuarto ha decirnos lo que tenemos que pensar, a marcarnos lo que han de ser nuestras prioridades, en definitiva, a decirnos lo que está bien o mal, hoy en día en pleno siglo XXI, me parece una auténtica aberración.

Yo quiero una sociedad donde el ser humano sea dueño y señor de su vida, donde pueda ser LIBRE e IGUAL, donde pensar de la manera que crea conveniente sin hacer daño a los que no piensen como uno mismo.

Debemos de aspirar a una sociedad donde la educación, formación, solidaridad… sean los pilares que aguanten la mencionada sociedad. Estamos y tenemos que exprimir lo mejor de nuestras generaciones anteriores, aprovecharnos de lo mucho que han peleado por nosotros, darles y ofrecerles todo nuestro respeto.

Pero también que no se nos olvide, intentar ser mejores, porque nuestros hijos lo agradecerán. Y con esta consigna debemos iniciar nuestro camino, como dice la canción “Yo caminaré y tu me seguirás”.

“Cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”

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