La política es el arte de lo posible, y por tanto, el reducto de los sueños.

Esa es la idea a mi entender que tiene que tener entre ceja y ceja la persona que se dedica a gestionar “lo público”, y a defender nuestros intereses, siempre y cuando, desde su perspectiva ideológica.

No corren buenos tiempos para los políticos en general, tenemos que tener claro que el descrédito no nos llega de la política, “si” de los políticos, ya que la sociedad, en general, los considera muy alejados de la realidad que estamos viviendo.

Para remediar esta situación de alejamiento de la realidad y captar votos de los ciudadanos, debemos tener dos premisas muy importantes:

  1. Ser más exigente con el político, en clara referencia a promesas, a cumplimiento de programas, etc…
  2. No ir siempre con una idea preconcebida, yo siempre le voto al mismo y no lo cambio, debemos ser más exigentes con nuestros representantes públicos.

No y rotundamente no. En democracia nadie debe salir malparado, ha de ser una confrontación de ideas, que ayuden a la sociedad en general a mejorar.

Por lo tanto como decíamos antes, la política ha de ser el arte de lo posible, y por tanto el reducto de los sueños.

“No camines con la cabeza baja, es necesario levantar la cabeza para ver el camino”

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